Este jueves 6 de agosto, a las 19.00, retornarán los encuentros del Taller de Escritura Municipal «Hacer Cosas con Palabras» que coordina Emmanuel Rossi.
Las clases, de una hora y media, contendrán consignas abiertas y libres, adaptadas a las demandas de cada participante. El objetivo es coordinar el recorrido que cada asistente quiera realizar en función de sus propias búsquedas personales. «No se trata de una clase de lengua y tampoco de un lugar de imposición de mecanismos a modo de recetas incuestionables», expresó en Licenciado.
Para mayor información, los interesados deberán acercarse a la Unidad de Cultura del Municipio, o contactarse directamente al WhatsApp 341 6443159.
A continuación, compartimos un texto de Mirta Babini, alumna del taller, que escribió sobre la espera de la reanudación del espacio.
Costumbre, placer o rutina
Llega el día jueves y nada por preparar, nada para pensar, falta algo; ¿se convirtió en costumbre, placer o rutina? Placer, sin lugar a dudas es un placer poder plasmar con palabras nuestros sentimientos, la escritura es una arista nueva, descubierta hace unos años.
Decires que sanan, acompañan nuestras soledades, mitigan las ausencias, y alivian nuestros pesares, en definitiva, placer, deleite.
Dicen que a las palabras se las lleva el viento…, el viento puede amontonar y hacer volar las palabras vacías, carentes de sentimientos, las que son huecas, sin contenidos, pero la literatura sentida, la que plasma nuestras pasiones pesa; la voz de la bibliografía coherente causa placer al literato porque le permite expresarse, ser osado; y al lector, que siempre está ávido del contenido de un texto cautivante, le permite transitar el camino que marca el autor con la incertidumbre de no saber a qué destino lo lleva, recorriendo un laberinto de incógnitas, imaginando un final que no siempre es el previsto y así seguir manteniendo el poder de asombro que a veces tiende a perderse.
En reiteradas ocasiones, buscando la perfección se nos va la vida, la escritura será de aciertos o de errores pero también de esa mixtura surge el encanto; siempre una pluma ágil y positiva encontrará en algún lugar un receptor ansioso y voraz, hambriento de conocimientos que apruebe nuestra audacia. Por eso sigamos escribiendo por placer y por decir, ya que un texto bien intencionado es una caricia al corazón y un mimo al alma.
M.B.